Viaje a NZ. VI La costa occidental

¡Hola! Sigo por las Antipódas. Tras dejar Queenstown, hemos estado los últimos cinco días recorriendo la costa occidental sin apenas conexión a internet, visitando la parte más remota y aislada de la isla sur.

Podría parecer que tras tirarme de un avión poco más podía esperar del viaje, pero no, todavía me esperaban un montón de sorpresas.

Antes lo prometido es deuda: algunas curiosidades de los neozelandeses:

Se llaman así mismo kiwis, como la fruta. Sí, es como si los españoles nos llamásemos  naranjitos.

El país está lleno de lavabos públicos limpísimos. En todos los pueblos y ciudades encuentras un montón de ellos.

La mayoría de los deportes de aventura se iniciaron aquí. Una neozelandesa me comentó que es debido a que no tienen un especial talento para nada. Era broma claro, pero es habitual ver que se rien de si mismos.

Tienen mucha rivalidad con los australianos y hay muchos chistes sobre ellos. Algunos los entiendo. Básicamente tratan a los Aussie de “champis”.

En algunos hoteles hay letreros sobre como actuar en caso de terremoto.. pero no de incedio.

Luego hay otras más evidentes como las ascendencia inglesa que se nota tanto en que conducen por la izquierda como que hablan algo parecido al inglés. También en la comida que, no obstante, es razonablemente buena. Las ciudades y pueblos, al contrario de la naturaleza que los rodea no son gran cosa. Un pequeño centro comercial y un montón de casas dispersas alrededor. Eso sí, todo muy bien cuidado. También es verdad que no he visitado ni Christchurch ni Wellington, sobre todo la segunda parece que está muy bien. Chritschurch fue destruida por un terremoto en 2011, y todavía está en fase en reconstrucción.

En todo caso, es un país moderno en el que vive muy poca gente, con mucho respeto por el medio ambiente y por conservar el paraíso en el que viven. Algo tendrá que ver que tiene uno de los sistemas educativos mejor valorados del mundo. Gente muy amable y comunicativa. Las veces que he comido o he viajado sólo casi siempre ha habido algún kiwi que se ha acercado a entablar conversación.

Aquí se vive bien y lo saben.

La costa occidental I. Kepler Track y Milford Sound

Dicho esto, retomo la parte descriptiva. Dejamos Queenstown  y nos hemos adentrado en la costa occidenteal de la isla sur, la más salvaje. Tras un recorrido de nuevo entre lagos y montañas nevadas, – está nevando mucho estos días incluso para aquí según dicen las noticias-,llegamos a la zona de Tiana desde donde recorremos parte del Kepler Track. Una antigua ruta de cazadores que transcurre en medio de bosques de robles enormes y helechos gigantes. Esperas que en cualquier momento aparezcan los hobbits. 15 km muy planos, que se caminan fácilmente, y donde te puedes relajar y difrutar de la espectacular naturaleza que te rodea.

 

Dormirmos en un lodge un poco perdido sin wifi y sin tele, y con nuestro guía haciendo de cocinero que es su profesión real, ( ahora ya lo ha confesado). No cocina nada mal, sobre todo los postres. Despues de la cena descanso. Al día siguiente uno de los platos fuertes del viaje, sino el que más. El Milford Sound.

El Milford Sound es un fiordo de varios km rodeado de montañas nevadas y cascadas que caén sobre él. Es un lugar recóndito al que se llega por una única carretera que acaba allí mismo despues de superar un puerto de montaña y 120 km sin ningún pueblo. El camino es igualmente espectacular y nos vuelve a nevar. En una parada tenemos un visita muy divertida, la de los loros keas. Unas aves propias de Nueva Zelanda, enormes y muy curiosas que se acercan a los coches a ver que pillan, abriendo incluso bolsos y mochilas para llevarse la comida que encuentran.

Tras la visita de los keas, entramos en un tunel que atraviesa las montañas y nos encontramos con el impresionante Milford sound. Una de las ocho maravillas de la naturaleza. Adjunto foto y me ahorro descripción. Vale la pena el viaje para verlo.

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El plan es hacer kajack durante unas 4 horas. Hace un frío de c.  pero siguiendo las intrucciones del mahorí que organiza la excursión nos ponemos de todo encima y al agua. ¡El mahorí viste bañador y camiseta tirantes!.

Que bien lo he pasado. 4 horas recorriendo el fiordo, aguas trasparentes, cascadas de mas de 150 metros  que caen de las montañas drectamente al mar, aves pescando cayendo en picado sobre el agua, focas nadando a nuestro alrededor. Además un dia precioso, despejado y sin viento. Que suerte hemos tenido. Aquí llueve 300 días al año.

La costa occidental II.- Copland Track, Franz Joseph y Okarito

El día siguiente ha sido de transición. Mis compañeras de viaje se han quedado definitivamente en Queesntown y con Gary hemos puesto de nuevo rumbo hacia la zona occidental hasta Haast pequeña aldea ya en la costa. Ver el mar después de tantos días entre montañas, ha sido “refreshing” que dicen por aquí. Puesta de sol de postal, cena en el pub del pueblo y a dormir que al día siguiente toca caminata muy larga y dormir en refugio.  Que “ilusión” me hace lo del refugio…. He conseguido al menos reducir a una noche la experiencia montañera,¡pretendían dos!,  pero una no me la quita nadie.

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Así que con este ánimo tan positivo, al  dia siguiente nos disponemos a iniciar la copland track, una caminata de 7 horas por bosques y montañas y con mucho frío y humedad,  para llegar al refugio donde dormiremos. Lo acepto, me toca un pié dormir en el p.hut,  asi que no afronto con mucha positividad el reto, pero bueno, me pongo y tras una muy muy dura caminata, llegamos a la cabaña.

Para los que nos estéis habituados, un refugio de montaña es un sitio cutre en un lugar precioso. Es como para compensar, que no todo sea perfecto. No lo entiendo muy bien,  te pegas una caminata de  hasta 10 horas  y no te puedes ni duchar. Y tampoco descansar porque hace un frio que te c..,y por no tener no tienen ni mantas.

Dicho lo anterior,  este “hut”tiene la peculiaridad que allí mismo tiene unas pozas de agua caliente  y, a pesar de los 5 gados bajo cero, me pongo el bañador, salgo al exterior, y me pego un baño en las mismas, lo que, por otro lado, me deja el cuerpo como nuevo y me mejora un poco el humor. El lugar la verdad es que es precioso y hacía muchos años que no veía un cielo tan estrellado. Aquí sí que se ve la lluvia de estrellas.

En el refugio sólo somos 4, lo que para el frío que hace no es bueno: Gary, yo mismo, y un par de guiris que hemos encontrado en el camino y con los que hemos empezado a conversar.

Andy y Mila, son de Inglanterra y de Alemania respectivamente, tienen los dos 20 y pocos años , hace dos que acabaron sus respectivas careras. El lleva dos años entre Australia y Nueva Zelanda viajando con su van,  que es donde vive principalmente y con trabajos esporádicos. Mila, lleva un año en NZ, también trabajando y viajando por el país. Han llegado juntos pero hasta ese día tampoco se conocían. Él la ha recogido haciendo auto stop,  y han decidido subir juntos.

Hemos compartido la cena y la bebida,  porqe  Andy traía vino,  ¡en una bolsa! que por supuesto nos hemos acabado. Hemos jugado a cartas  y compartido experiencias, y aprovechando el calor que proporciona unos cuantos vasos de vino tinto de bolsa de plástico, nos hemos ido a dormir. Temperatura interior, 0 grados. Suerte del vino.

Me he metido en el saco pensando en la historia de Andy y Mila, y por eso la cuento, y creo que me gustaría, que mis hijos, también tras acabar sus estudios, tuvieran la oportunidad de viajar, conocer mundo y decidieran hacerlo. Seguro que sería muy bueno para ellos.

Al dia siguiente baño de nuevo en las pozas,  y de vuelta a la civilización. Tenía tantas ganas de salir de refugio que dice Gary que hemos batido un record en la bajada.

Por la tarde todavía excursión para visitar el glaciar Franz Joseph. Otros 8 K. Es quizás el glaciar mas conocido de Nueva Zelanda. Tiene la peculariedad que prácticamente llega a nivel del mar, aunque  cada año retrocede un poco. Aun así es espectacular, pero me estoy acostumbrando ya a ver maravilla natural tras maravilla natural y ya no me sorprenden facílmente.

Queda ya poco de viaje, y cada vez estoy más a gusto. También hecho de menos a mis  hijos, aunque me consta que ellos a mi no  !y que se lo están pasando en grande!.

Iba ya a cerrar el blog hoy pero me ha sucedido una anécdota que explico rápido.

Hemos visitado otro sitio fabuloso, la playa de Okarito, salvaje, interminable, con lagunas llenas de aves protegidas, y con las montañas nevadas al lado. Un día precioso, radiante y soleado pero frio. Podría vivir aquí sin problemas.

Pues bien, para conocer la laguna hemos alquilado unos  kajacks y aun no se porqué, el mío ha volcado y me he caido al agua ¡helada!.  Tras el primer susto, he decido ser muy digno y nadar hasta la orilla, donde he llegado completamente empapado. Al resto del personal, tras constatar que yo estaba bien, les ha parecido divertido y me han gastado varias bromas, que como eran en neozelandés no he entendido, aunque por si acaso yo me he reído con ellos. Gracias a dios no hay fotos ni videos, al menos que yo sepa. Además una vez seco y cambiado, he vuelto al kajack, con un par, para hacer la excursión, que he finalizado esta vez seco. Eso si, mi cámara al carajo y las fotos de los dos últimos días también.

Ahora ya sí, me despido. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y por seguirme.  Calculo uno o dos post más antes de volver. Nos queda parte de la zona occidenal y kaikoura que visitaré ya por mi cuenta.  He encontrado otro sitio para nadar con delfines y voy a ver si tengo más suerte que en Bay of Island.

Besos y abrazos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Viaje a NZ. VI La costa occidental

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